martes, 15 de diciembre de 2009

Mi barca errante


Sepultar a un ser querido es quizás de lo más sufrido que una persona pueda vivir durante su estancia en esta tierra. Es también el despertar de muchos sentimientos y emociones que normalmente no son tan intensos ni dolorosos que cuando se ama y no se espera perder nunca lo que se ama y da alegría a nuestra vida.
Pero este trajín de la vida y el conocimiento de la muerte se ahonda más cuando el desenlace se da mientras estamos vivos y por alguna extraña razón nos sentimos al borde de una "muerte anunciada" que se acerca y se aleja de vez en cuando y nuestra piel se eriza como un gato asustado al verla pasar de largo. Porqué nuestros días angustiados por lo conocido o lo desconocido... porqué el miedo si llega el día o llega la noche... porqué nuestros pensamientos descarnados de un mundo cruel y arrebatado de toda reallidad... porqué hoy me veo sentada a la orilla de mi historia colmada de tropiezos y laceraciones y pensamientos arrinconados en una esquina temiendo como un niño teme a su padre con faja en mano y a punto de ser golpeado...
Hoy siento la soledad de la muerte como una vecina que merodea mi hogar y perturba a mis mascotas, y hoy revivo el temor de volver a sentir ese terrible escalofrío de lo que por más que intento, no logro comprender...
Hoy deambulo en la fría idea de una vida que talvez viva tan inerte y muerta que ni yo misma entiendo y me veo, como una fantasma engañada triztemente creyendo que estoy viva y que soy parte de la vida dejando un legado a la humanidad, cualquiera que este sea, pero que al pasar de los años dejo de creer porque la historia pasa lejos de mí y me veo atrapada en los tiempos recorriendo una y otra vez el mismo camino que antes recorrí.
Hoy no encuentro ningún reflejo en el espejo que me defina y que me asegure que lo que veo es cierto...
Hoy temo que no sea nadie quien habite en mí, si no una sombra, un espíritu errante que arrastra una condena por algún hecho tan malingo que ha sido condenado a vivir encerrado dentro de sí sin saber ni entender el porqué... sin sentir el tiempo, la culpa y menos la calma de los que viven levantandose de sus errores y enorgullesiendose de sus triunfos...
Hoy siento el conjuro de una hechicera que me atrapa en un silencio tan lleno de misterio y congoja que me despierto asfixiada en mis ideas y pensamientos que parecieran de esa época a la que pertenecí...
Hoy me siento la navegante de un barco abandonado, a la deriva cruzando tempestades y tormentas, en un horizonte tan contraído y a la vez inmenso y asotado que la proa que es mi pecho cruje por los golpes del ingrato mar... y en este barco me veo atada a un grillete pero no hecho de metal si no de tiempo y de confusión que me envuelve para retornar al mismo punto de inicio en este remolino de agua, ruído y temor... este agudo funeral que jamás parece terminar.


No hay comentarios: